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JULIO-AGOSTO 2017

CRÓNICAS ESPACIALES

UNIVERSO

rápidos, permitió al equipo medir los

eventos con menos energía total que

muchas fulguraciones previamente

detectadas. Esto es importante por-

que, aunque las fulguraciones más

pequeñas e individualmente menos

energéticas son menos hostiles para

la vida, éstas pueden ser mucho más

frecuentes y sumarse con el tiempo

creando un ambiente inhospitalario.

«¿Y si los planetas están constante-

mente bañados por estos pequeños,

pero aún significativos destellos?»,

pregunta Scott Fleming del Instituto

de Ciencia del Telescopio Espacial

(STScI) en Baltimore.

«Podría haber

un efecto acumulativo»

.

Para detectar y medir con exactitud

estas llamaradas, el equipo tuvo que

analizar los datos en intervalos de

tiempo muy cortos. De las imágenes

con tiempos de exposición de casi

media hora, el equipo fue capaz de

analizar las variaciones estelares du-

rando sólo unos segundos. El primer

autor Chase Million de Million Con-

cepts en el State College, Pensilvania,

dirigió un proyecto llamado gPhoton

que reprocesó más de 100 terabits de

datos de GALEX almacenados en el

Mikulski Archive for Space Telescope

(MAST) en el Space Telescope Science

Institute. El equipo utilizó entonces un

software personalizado desarrollado

por Million y Clara Brasseur, también

en el instituto, para buscar cientos de

estrellas enanas rojas, y detectaron

decenas de llamaradas. «Hemos ha-

llado destellos de estrellas enanas en

toda la gama en la que esperábamos

que GALEX fuera sensible, desde lla-

maradas muy pequeñas de unos

pocos segundos hasta monstruos que

hacen que una estrella sea cientos de

veces más brillante durante unos mi-

nutos» , Dice Million. Las fulguracio-

nes detectadas por GALEX son de una

intensidad similar a las producidas por

nuestro propio Sol. Sin embargo, de-

Las fulguraciones

pueden amenazar

la vida

por NASA

traducido por Miguel Sánchez González

L

as estrellas enanas frías son atrac-

tivos blancos para la caza de exo-

planetas. Los descubrimientos de

planetas en las zonas habitables de

los sistemas TRAPPIST-1 y LHS 1140,

por ejemplo, sugieren que mundos

del tamaño de la Tierra podrían ro-

dear a miles de millones de estrellas

enanas rojas, el tipomás común de es-

trella en nuestra galaxia. Pero, como

nuestro propio Sol, muchas de estas

estrellas emiten intensas llamaradas.

¿Son las enanas rojas realmente tan

afables para la vida como aparecen,

o estas fulguraciones hacen que las

superficies de cualquier planeta en

órbita sean inhóspitas? Para abordar

esta cuestión, un equipo de científi-

cos ha revisado 10 años de observa-

ciones ultravioletas del telescopio

espacial Galaxy Evolution Explorer

(GALEX) de la NASA, buscando au-

mentos rápidos en el brillo de las es-

trellas debido a estas fulguraciones.

Las fulguraciones emiten radiación a

través de una amplia franja de longi-

tudes de onda, con una fracción sig-

nificativa de su energía total liberada

en las bandas ultravioleta donde

GALEX observó. Al mismo tiempo,

las enanas rojas de las que surgen las

llamaradas son relativamente débiles

en el ultravioleta. Este contraste,

combinado con la sensibilidad de los

detectores de GALEX a los cambios