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JULIO-AGOSTO 2017
solar haya sido visitado
por las naves espaciales
(y posiblemente astro-
nautas) de otros sistemas
planetarios, donde, y pa-
ra qué, tendríamos que
buscar para encontrar evi-
dencias. Responder con
precisión a estas pregun-
tas presupondría el cono-
cimiento del pensamiento
y la motivación de entida-
des completamente des-
conocidas, por lo tanto,
nos limitaremos a postu-
lar algunas hipótesis in-
evitablemente humanas.
La localización y el tipo de
evidencia de una presencia
alienígena remota puede
depender del propósito de
la visita, que podemos re-
sumir en tres categorías
básicas: el deseo de comu-
nicar su propia existencia a
otras civilizaciones; el de-
seo de reunir información
sobre otros planetas habi-
tables o habitados; la ne-
cesidad de obtener sumi-
nistros de materias primas.
Todas ellas implican activi-
dades que podrían dejar
huellas en superficies roco-
sas, en forma de vehículos
espaciales, instrumentos
científicos, antenas, equi-
pos de producción de ener-
gía, cambios geomorfoló-
gicos ó anomalías geoquí-
micas. El tiempo que estas
huellas durarían y la me-
dida en que podrían iden-
tificarse variaría de acuer-
do a muchos factores (no todos ellos imagi-
nables) como, por ejemplo, la resistencia es-
tructural, los materiales utilizados, la ubi-
cación y, así, su exposición a procesos especí-
ficos capaces de eliminar todos los rastros a
corto o largo plazo. Si algo exótico hubiese
existido en Venus, el efecto invernadero y
la actividad volcánica seguramente habrían
sen el espacio? Probablemente menos de 66.
Hoy en día, podrían haber colonizado otros
sistemas planetarios y enviado sondas en
nuestro rincón de la Galaxia. Consideremos
el argumento de que, al menos un planeta,
Venus, Marte ó la Tierra en la era pre-Cam-
briana haya podido ser el hogar de una civili-
zación tecnológica nativa, o que el sistema
UNIVERSO
Artwork by Tony Roberts




